31 de octubre de 2012



Siempre he admirado a mi hermana Beth porque, a pesar del provinciano ambiente en el que vivíamos, fue capaz de salirse con la suya. Puede que esta afirmación resulte ridícula, pero si les digo que nuestro padre era un predicador metodista que nos educó bajo unas estrictas reglas morales, seguro que cambia su opinión. Recuerdo que hasta para mi madre la convivencia en casa era muchas veces difícil ya que, sin quererlo, se veía en el complicado equilibrio de tapar las travesuras adolescentes de sus hijos frente a la férrea voluntad de su marido procurando, al mismo tiempo, no destapar la caja de los truenos. Sí, mi padre fue un hombre rígido y autoritario y mi hermana Beth nunca se cortó un pelo para buscarle las cosquillas, lo que acababa en monumentales broncas, portazos y gritos. Como aquel día que me defendió a capa y espada cuando mi padre me sorprendió escuchando esa música del demonio, que era como calificaba todo sonido salido de guitarra eléctrica. Y yo tampoco me lo pensaba dos veces para cubrir a mi hermana cuando venía a casa algo aturdida y la excusaba diciendo que estaba cansada por las largas horas de estudio, cuando en realidad nos juntábamos con su amiga Rosalynd para fumar hierba.

· Fondo musical para acompañar la lectura: The Ventures - Pipeline (http://www.youtube.com/watch?v=s0z8S2ZjSmc&feature=related)

30 de octubre de 2012



Desde hacía algún tiempo a mi hermano Bob y a mi nos parecía oir extraños ruidos cuando estábamos solos en casa, que era casi siempre la mayor parte del tiempo, ya que nuestros padres dedicaban muchas horas a la pequeña ferretería que tenían en Eldridge Road. Como que también vivíamos en una modesta zona residencial no demasiado populosa, lo que en cierta manera propiciaba nuestra inclinación a pensar que aquellos extraños sonidos procedían del más allá. Bob decía que podía ser el espíritu de la abuela que venía a arreglar algún asunto que le quedó pendiente. Decidimos resolver el misterio con la cámara de fotos de nuestro padre, haciendo yo de cebo, mientras Bob, oculto detrás de un rosal, captaría el fenómeno, si es que era real, pulsando el cable que iba al botón del obturador. Puede que no sea exacto lo que les cuento, pero ¿acaso el ser humano no tiende inconscientemente a transfigurar los recuerdos, especialmente los más difusos, en su intento por recomponerlos? Quizá por eso me haya acostumbrado a que fuese real la silueta que vi, aunque tuviese el sol de frente, y que Bob, tras hacer la fotografía, corriese despavorido al interior de la casa. Por eso nunca he vuelto a hablar con él sobre este suceso desde que me contó su versión algunos años después. Comprenderán que era muy diferente a la mía.

· Fondo musical para acompañar la lectura: Robert Schumann - Escenas de niños, op. 15, I. Von fremden Ländern und Menschen (Vladimir Horowitz) (http://www.youtube.com/watch?v=7lihXS3GLw0)

29 de octubre de 2012



Charles Bradley sorprendió a propios y extraños cuando de manera inesperada reveló su irrevocable intención de abandonar Inglaterra para comenzar una nueva vida en la India. Los que le conocían muy de cerca no daban crédito a sus palabras. Algo tenía que haber sucedido en su interior, pensaban, para que tomase una determinación tan drástica. Nadie se explicaba como Charles, que había nacido entre algodones y con todos los privilegios que le daba el hecho de pertenecer a una familia aristocrática de arraigada tradición, pudiese querer de la noche a la mañana abandonar la seguridad y la buena vida que le proporcionaba su ilustre posición. Él, que era uno de los miembros distinguidos del club White’s de Londres y uno de esos invitados imprescindibles en cualquier evento social y al que pretendían varias jóvenes de alta alcurnia por su condición de soltero de oro, hizo oídos sordos y se marchó en medio del estupor general. Hubieron de pasar unos cuantos años hasta que Malcolm Aldridge, uno de sus mejores amigos, desentrañase el misterio de tal audacia cuando decidió hacerle una visita y, tras pasar una larga temporada con él, regresase trayendo consigo la prueba, no sólo que Charles gozaba de buena salud, sino que proseguía entregado felizmente y con total libertad a su pasión por la vida contemplativa, la que años atrás había visto peligrar por un disciplinado y fatigoso puesto al que le había predestinado su progenitor en el banco familiar.

· Fondo musical para acompañar la lectura: John McCormack - I hear you calling me (https://www.youtube.com/watch?v=RcBwRD0VB9o)

26 de octubre de 2012



Osgood Foster III no fue consciente cuando falleció a los ochenta y tantos del profundo cambio que supuso su actitud dentro de la arraigada y larga tradición que su familia había mantenido religiosamente generación tras generación. Hay quienes comienzan a reivindicar su nombre, ya que fue el verdadero pionero de lo que fueron los principales movimientos juveniles que surgieron a partir de la década de los sesenta. Sea como fuere, el caso es que Osgood pertenecía a una estirpe multimillonaria que se había hecho así misma con el negocio del petróleo en Texas y muy relacionada con las altas esferas políticas y burguesas del estado que tenía, incluso, influyentes contactos con el senado. Pero el joven Osgood aborrecía toda esa pompa que envolvía la vida social de los suyos y que le parecía demasiado aburrida y superficial. Es por eso que, consciente del destino al que parecía predestinado y fiel a su vocación transgresora, se rebeló dándole un aire nuevo a su peinado, en el que algunos han querido ver la fuente de inspiración de Elvis Presley, para después irse a convivir con Elene, la hija del chofer de su padre porque, además de que era una gran mujer, su condición y su físico representaba todo lo contrario a las bellezas frías e insulsas de buena familia con las que pretendían su progenitores emparejarle por la cosa de los negocios.

· Fondo musical para acompañar la lectura: Elvis Presley - Crying in the chapel (https://www.youtube.com/watch?v=00eUebsh68M)

25 de octubre de 2012



El profesor Marek Lewandowski supo que Tadeusz Kowalczyk era un niño prodigio cuando le impartió su primera clase de violín. Ese fue el principio de una fulgurante carrera que le llevó a actuar en los principales teatros europeos, cosechando un enorme éxito de público y crítica que elogiaban unánimemente su virtuosismo y llegando incluso a calificarle como el mejor intérprete de Henryk Wieniawski. Tadeusz, el hijo de un modesto administrativo de Lodz, gozaba de la gran admiración de las altas esferas políticas y culturales, lo que nunca se habían imaginado ni él ni su familia cuando estudiaba en el conservatorio de Varsovia. Pero la estresante vorágine de conciertos y la presión que ejercía un entusiasmado público pidiéndole cada vez más, hizo que aquella actuación de la noche del 20 de marzo de 1885 en el Teatro Nacional de Praga, fuese su última aparición. Tadeusz se había quedado paralizado sobre el escenario como una estatua, lo que generó infinidad de rumores y teorías. Con el paso de los días, tan sorprendente suceso se fue diluyendo en el olvido, al igual que su figura. Hasta que en 1917, el prestigioso musicólogo Pawel Wisniewski creyó resolver el misterio Kowalczyk cuando halló el único retrato existente del violinista, afirmando que aquella noche la inspiración no le había abandonado, como sostenían muchos, sino que, simplemente, había salido de su cuerpo.

Fondo musical para acompañar la lectura: Henryk Wieniawski - Caprice for two violins, op. 18 (David & Igor Oistrakh) (https://www.youtube.com/watch?v=HBtfdgoA9Wwhttps://www.youtube.com/watch?v=HBtfdgoA9Ww)

24 de octubre de 2012



Hacía una mañana muy gris cuando recibí aquella llamada que arrojaría un poco de luz a mí pasado familiar. Mi padre había fallecido. Recordé entonces el día que la policía rastreó cada palmo de los alrededores de la pequeña ciudad donde vivíamos, porque Richard, mi hermano mayor, había desaparecido sin dejar rastro. A mí nunca me contaban nada porque, decían, era demasiado niño para entender ciertas cosas, pero intuía que algo no iba bien entre mi padre y Richard. El día del funeral supe que la única persona que tuvo noticias de él, aunque esporádicas, fue mi madre. Como también supe que Richard no pudo soportar aquel asfixiante ambiente provinciano. Tras el sepelio, no quise estar con los allegados, que pululaban alrededor de una mesa llena de comida. Me dejé llevar por la inercia de saber más cosas y entré en el despacho. Allí, al escarbar entre los objetos de mi padre hallé la imagen que me ayudó a encajar el puzzle. Desde niño, Richard había tenido la inclinación natural a jugar con las muñecas de nuestra hermana. Después, en el instituto, tuvo problemas por su acusada sensibilidad. Mi madre siempre lo protegió ante la furia de mi padre quién, tras la monumental bronca que provocó la fuga de Richard, había cogido esa fotografía, que tenía sobre su escritorio, e intentó con rabia cambiar lo que era imposible, la realidad, tapando el espíritu protector de su mujer y dando un aire de masculinidad a su hijo.

· Fondo musical para acompañar la lectura: Muggsy Spanier - Lonesome Road (https://www.youtube.com/watch?v=yqEwcGPO_UY)

23 de octubre de 2012



Boniface Troussard nunca había sentido tal impresión hasta aquel día en que, procedente de su Orleáns natal, descendió del tren y pisó por primera vez la estación de Austerliz para cumplir sus deseos de conocer la gran ciudad. El hecho de haber experimentado la sensación de la velocidad se unió al bullicio generado en París por la celebración de los Juegos Olímpicos que en aquel año de 1900 se hicieron coincidir con la Exposición Universal. El asombro desbordó a Boniface porque de una manera inconsciente se sentía que formaba parte del futuro, aunque en realidad fuese uno de los tantos que vivía maravillado por aquellos momentos. Es por eso que, cuando se dio cuenta de que el automóvil, pese a su incipiente producción, era aún un artículo de lujo para unos pocos privilegiados, decidió contribuir al progreso de su país ideando un medio de transporte alternativo, económico y asequible para todo el mundo. Tras intensos meses de trabajo y salvo por alguna que otra nota de prensa que informaba de manera sensacionalista sobre un importante número de contusionados que se produjo en apenas unas horas, poco más se supo de Boniface, salvo que, tiempo después, un tal Laurent Sevignac, conocedor de su malogrado ingenio, se le ocurrió reducir las ruedas y poner una puntera para frenar, obteniendo con ello un gran éxito, especialmente en el público infantil.

·Fondo musical para acompañar la lectura: Francis Poulenc - Sonate pour flute et piano (Jean-Pierre Rampal) (https://www.youtube.com/watch?v=t4whSBaeCiE)

22 de octubre de 2012



A James Boyd Potter siempre le ocasionó problemas el sempiterno flequillo natural que se obstinaba en elevarse hacia arriba cada vez que se quitaba su gorra, lo que le llevaba a tenerla puesta a todas las horas del día. A pesar de proceder de una familia muy humilde, su padre, un rudo descargador del puerto, y su madre, una incansable mujer que compaginaba las tareas del hogar con el arreglo de vestidos y trajes que hacía por encargo, inculcaron con firmeza a sus vástagos las reglas de la buena educación porque, según ellos, con ellas se iba a todas partes. De ahí que James Boyd, a pesar de que se dedicó a la delincuencia desde su adolescencia, siempre trató con cortesía a todo el mundo, hasta a quienes robaba. Pero lo que no pudo prever es que sus buenas maneras le llevarían a presidio, como sucedió la noche en que entró la policía en el almacén de licores que en esos momentos saqueaba con su banda. Al percatarse de que había personas, James Boyd, fiel a sus principios y de manera automática, se descubrió la cabeza para saludar sin darse cuenta, a causa de la oscuridad, de que eran en realidad agentes uniformados. Sin embargo éstos reconocieron al instante el fleco rebelde en el momento en que lo alumbraron con sus linternas. En ese momento comprobó una vez más lo que tantas veces le habían repetido sus padres, de que con buenas formas se va a todos los sitios.

· Fondo musical para acompañar la lectura: Eddie Condon & his Foorwarmers - Makin' Frien's (http://www.youtube.com/watch?v=m3bJ-WU2gh0)

20 de octubre de 2012



En el colegio saqué muy buenas notas y después, en el instituto, aunque no fui un chico popular, obtuve bastantes matrículas de honor. Incluso me hicieron pruebas para saber si era superdotado, cosa que los resultados de los análisis confirmaron. Por ello mis padres, que se sentían muy orgullosos de mí, me dejaron elegir la universidad donde quería proseguir mis estudios. No sé muy bien por qué, pero me decanté por Harvard y allí, mientras mis compañeros se dedicaban a perder el tiempo en beber, fumar y ligar con las chicas, yo me encerraba en la habitación de mi residencia para llevar al día mis estudios. Gracias a esta táctica me gradué en astronomía y ciencias exactas con las notas más altas, lo que me convirtió en el alumno más brillante de mi promoción. Al día siguiente, tras recibir mi título, me llamaron de la NASA para trabajar en el departamento de robótica. A partir de ahí mi trayectoria profesional fue en ascenso, participando en múltiples proyectos y congresos internacionales, al mismo tiempo que me casé y fueron naciendo mis cuatro hijos. Ahora que estoy jubilado, les puedo asegurar que mi vida ha sido y es muy feliz ya que tengo buena salud y nueve nietos… Por las caras que veo, me da la impresión que muchos de ustedes esperaban otra cosa, pero yo tan sólo he querido corresponder a un chico que, en un pésimo inglés, me pidió con mucho entusiasmo que le contase mi historia para ponerla en no sé que página de internet. Les confieso que me extrañó al principio pero después me di cuenta que, una vez más, se había vuelto a producir la misma confusión de siempre. A estas alturas ya no me molesta, estoy más que acostumbrado a que la gente me pida que cante cada vez que les digo mi nombre porque, como comprenderán, el chasco se lo llevan ellos ya que, aunque también me llamo Mick Jagger y nacimos el mismo año, nunca aprendí música ni tuve una guitarra en mis manos.

· Fondo musical para acompañar la lectura: The Rolling Stones - Like a rolling stone (live) (https://www.youtube.com/watch?v=Zd8y_8tkmFA).

19 de octubre de 2012



La abuela de Maggie siempre había pensado que la juventud era muy incrédula porque sólo pensaba en emperifollarse para darse una noche frenética de baile y alcohol sin preocuparse por su futuro ni por los demás. Las ancestrales buenas costumbres parecían haber desaparecido y la anciana señora decía que los libros de Scott Fitzgerald tenían parte de culpa, sobre todo aquel cuyo título, “Hermosos y malditos”, tenía un carácter proverbial. Al menos es lo que pareció detectar en el comportamiento de su nieta que, lejos de seguir los sanos y arraigados hábitos de siempre, se dejó llevar por el desenfreno y el frenesí de la época y en lo que, según ella, tuvo mucho que ver su relación con Charles Dickinson, un joven perteneciente a una decadente familia aristocrática que había perdido el norte. Por ello, en opinión de la octogenaria, habían recibido un castigo divino el día en que anunciaron su enlace matrimonial ya que hubo algo del más allá que trató de borrarlos del mapa. Sea como fuere, unos meses más tarde, por las causas naturales de la edad, la muerte se encargó de hacer desaparecer a la abuela de la geografía, como varias décadas después también se llevaría a su nieta y a su flamante marido.

· Fondo musical para acompañar la lectura: Dmitri Shostakovich - Jazz Suite nº 2: Waltz 2 (http://www.youtube.com/watch?v=ZYhZVqODYsI)

18 de octubre de 2012



Mi primo Fritz siempre quiso ser un dandi. Su escasa afición por los libros aumentó esa temprana vocación a la que se entregó desde el momento en que tuvo conciencia de la transformación que sufría su organismo cuando entró en la adolescencia. A la incipiente salida del bigote se unió su buena forma física, ya que las horas que no se pasaba haciendo posturas ante el espejo las dedicaba a hacer deporte. Yo aún era demasiado niño para comprender esas cosas pero, por lo que contaba mi tía a mis padres, el primo era un hombre inteligente que tenía mucho éxito con las chicas y que por eso mismo la hija de un importante empresario del acero se había fijado en él, lo que le llevó a contraer matrimonio y a abandonar Munich para empezar una nueva vida en New York. Aunque ahora, después de tanto tiempo, tengo la certeza de que eran las exageraciones típicas producidas por el orgullo de una madre de clase media a la que se le subieron las ínfulas por la cosa de codearse con las altas esferas gracias al braguetazo de su vástago. Como también estoy seguro de que la tía nunca supo la verdad sobre el primo Fritz ya que, además de ser un tipo simpático y narcisista, era en realidad un caradura y un inútil que se dedicó a hacer todo tipo de tonterías con tal de matar el aburrimiento porque, aunque vivía de su mujer, no perdía la ocasión de pavonearse si detectaba presencia femenina a su alrededor. Lo peor, según supe mucho después, fue el día que salió de su ensimismamiento vital cuando se dio cuenta de que los años también pasaban por él. Aún así se resistió a aceptarlo, aunque ya no pudiese hacer piruetas ni tirarse de cabeza a la piscina.

· Fondo musical para acompañar la lectura: Comedian Harmonists - Wochenend und sonnenschein (http://www.youtube.com/watch?v=-ey9wYTOgew)

17 de octubre de 2012



Como casi todo el mundo, tuve una adolescencia difícil. Reconozco que mi inmadurez y mi agitación hormonal fue un cóctel explosivo que compartía con mis amigos de aquellos tiempos, tan desatados como lo estaba yo, lo que nos llevó a poner en marcha las ideas más peregrinas que se nos ocurrían, sobre todo si surgía un motivo de fuerza mayor como lo fue en aquel verano nuestra repentina ansia por saber de una vez por todas que sucedía entre un chico y una chica cuando estaban a solas. Tom fue el que nos proporcionó la estrategia que creímos que era la más adecuada, porque nos había enseñado en una revista sobre naturaleza el reportaje de un biólogo inglés que pasaba horas y horas oculto en la maleza observando el comportamiento de los orangutanes. Teníamos la táctica, además de la cámara fotográfica del padre de Oswald y el bosque donde iban las parejitas a hacerse arrumacos. Pero lo que no pudimos prever es que ese día descubriríamos otras cosas bien diferentes sobre el campo de la conducta y que yo comprobé de primera mano, con mi propia cara. Pese al frenético temblequeo de sus piernas, lo que Oswald logró captar en tan solo una instantánea fue la prueba fehaciente de la imprevisible reacción que puede mostrar la presa observada si no se actúa con el suficiente sigilo y el tacto preciso mientras está concentrada en sus quehaceres amatorios, pudiendo provocar severos daños físicos al investigador.

· Fondo musical para acompañar la lectura: Dion and The Belmonts - A teenager in love (http://www.youtube.com/watch?v=454613BG55c)

16 de octubre de 2012



Una tarde lluviosa de domingo mi abuela me reveló entre sollozos y tazas de té la profunda tristeza que le embargaba cada vez que pensaba en su hija, mi tía Nelly. Decía que era muy atrevida, que muchos fueron los chicos que anduvieron tras sus faldas y, lo que era aún peor, que sus osadías eran continuo motivo de cuchicheo entre los vecinos quienes, según la abuela, la dirigían miradas reprobatorias cada vez que se cruzaba con ellos. Su confesión me dejó sorprendido porque en aquella época, en la que yo estaba más interesado en zascandilear con las chicas que en estudiar, no vi nada raro en todas las andanzas que me contó sobre la tía Nelly, sino que me parecieron las consecuencias lógicas en una mujer que siempre fue muy atractiva. Mi madre y el resto de la familia tampoco aprobaron su forma de ser, imagino que por celos y porque eran todos tan estirados y pazguatos como mi abuela. Aquella tarde no quise dar importancia a sus palabras, como no se la doy hoy en día. Y aunque sé que le tocó vivir otros tiempos, no le puedo perdonar la manipulación que ejerció en la memoria de la tía Nelly, dejando tan sólo algunos trozos para la posteridad. Trozos que aún me siguen provocando una gran fascinación.

· Fondo musical para acompañar la lectura: Frédéric Chopin - Nocturno en si bemol menor Op. 9 nº 1 (http://www.youtube.com/watch?v=GZbuA7r17uk)

11 de octubre de 2012



Con mi amigo Jean–Paul emprendí el que sería mi primer negocio durante aquel verano del 56 para sacarnos un dinero con el que seguir financiando nuestros estudios universitarios. Éramos muy jóvenes y con grandes ambiciones, por ello pensábamos que era cosa de llegar y besar el santo. Lo primero que hicimos fue fijar el lugar de operaciones, porque era muy importante que tuviese una gran afluencia de turistas, y después la cosa era hacerse con una cámara fotográfica que tuviese la suficiente calidad acorde a nuestro presupuesto. Saint–Tropez fue el destino elegido, ya que además tenía el valor añadido de que tendríamos el sol asegurado. Pero lo que no pude prever fue la forma de trabajar de Jean–Paul. Sabía que era meticuloso, pero no que era tan lento, lo que nos ocasionó muchos problemas, sobre todo con aquellos veraneantes a los que retrataba en la orilla del mar.

· Fondo musical para acompañar la lectura: Brigitte Bardot - St.Tropez (http://www.youtube.com/watch?v=auTWWLVu_gc)

10 de octubre de 2012



Desde que le vio por primera vez cuando aún era adolescente, la tía Adeline se enamoró perdidamente del tío Robert hasta tal punto que hizo lo indecible para que se fijase en ella. No es que él tuviese mala vista, ni que fuese desconsiderado hacia los demás, pero siempre andaba tan ensimismado en sus pensamientos que casi nunca se percataba de lo que sucedía a su alrededor. Porque el tío, desde que descubrió su pasión por la ornitología, siempre caminó mirando hacia arriba. Y aunque todos siempre pensaron que era un hombre afortunado por los numerosos sustos que dio a la familia sin que le hubiesen causado daño alguno, la suerte cambió de golpe varias décadas después, aquel fatídico día en el que un automóvil se le cruzó en su camino justo cuando el semáforo no permitía el paso a los peatones. Para llenar el vacío dejado por el tío, la tía Adeline colocó su foto en el escritorio donde tantas horas pasó leyendo libros sobre pájaros, aunque a sus visitas les pareciese un lugar algo inusual.

· Fondo musical para acompañar la lectura: Ella Fitzgerald - Lullaby of birdland (http://www.youtube.com/watch?v=Zd15COtfz8c)

9 de octubre de 2012



Desde que se habían conocido, mientras cursaban la carrera de ingeniería en Oxford, la amistad entre Ernest y Richard creció hasta tal punto que un buen día decidieron, tras acabar sus estudios y al comprobar que sus investigaciones iban por el mismo camino, poner en práctica todos los conocimientos adquiridos conscientes de que el objetivo de la ciencia era facilitar las demandas del hombre moderno. Con enormes ansias por anticiparse a su tiempo, Ernest y Richard diseñaron un prototipo económico y seguro que soliviantase los problemas de aparcamiento en las grandes ciudades tras percatarse del cada vez más creciente índice de población. Tras largos años de trabajo idearon un prototipo aerodinámico, ligero y de bajo consumo. Pero sus esfuerzos se convirtieron en un monumental fracaso. El inconveniente no solo fue el enorme pitorreo que se generó al probarlo en una gran capital, porque algunos pensaron que estaban ante un desfile de cabezudos, sino que los inversores desconfiaron del invento ya que no cabían en él más de dos pasajeros. Algo que se acrecentó cuando uno de los ejecutivos, como padre de familia numerosa que era, convenció al consejo de administración de la escasa viabilidad del ingenio.

(foto: cortesía de Alfred Dopar)

· Fondo musical para acompañar la lectura: The Sangri-Las - Leader of the pack (https://www.youtube.com/watch?v=t5vFOpVGjVc)

8 de octubre de 2012



A pesar de lo que pensaba sobre el mundillo artístico, el Sr. Morris hizo esfuerzos por morderse la lengua y no poner pegas el día que su hija le dijo que quería estudiar arte en una prestigiosa escuela de Brooklyn. La incipiente carrera de Julie dio un giro inesperado cuando conoció a Paul, aquel chico menudo con aires de superioridad intelectual que la convirtió en musa y modelo de todas sus creaciones fotográficas en las que, según él, pretendía captar el aislamiento y el vacío existencial del hombre en la sociedad contemporánea. Julie pronto se identificó con su radicalismo, abandonando los pinceles para entregarse junto a él a una intensa labor creativa en común, hasta que murió Paul a los 85 años de edad. Aunque casi toda la obra de la pareja se ha perdido misteriosamente dando lugar a todo tipo de especulaciones, un periodista de la época afirmaba que una ya anciana Julie le había confesado que habían llegado al estado más puro del minimalismo, y que, a pesar de ello y de la incomprensión sufrida por la crítica especializada, lo único que ella lamentaba en su vida artística era que Paul no la hubiera retratado en primer plano porque, decía, apenas recordaba como era su rostro cuando era joven.

" Fondo musical para acompañar la lectura: Charles Ives - The unanswered question (http://www.youtube.com/watch?v=KYug4df2Yf0)

5 de octubre de 2012



Los años no pasan el balde, y con ellos la fuerza de la costumbre, con las fricciones habituales que tambalean a ratos esa aparente armonía con el otro. Esas eran las sensaciones que tenía Margaret de vez en cuando después de muchos años de matrimonio con Clayton. La vida que llevaban en Kensington era demasiado apacible, como también el trabajo que él desempeña ba en las oficinas de una cadena de supermercados. A ella siempre le dio mucha seguridad el carácter metódico y ordenado de su marido, incluso hasta para cumplir los horarios domésticos. Nunca había sucedido en sus vidas nada que se saliese de lo cotidiano, ni si quiera cuando se reunían con sus amigos para cenar. Porque si él tenía una virtud esa era la de la contención, algo que transfiguró de sobremanera el semblante de Margaret, a pesar de que su rutina era tan sólo alterada por los partidos de cricket emitidos por televisión, la única afición que se le conoció a Clayton y que le hacía cambiar sus gestos habituales.

· fondo musical para acompañar la lectura: Tony Bennett - The good life (http://www.youtube.com/watch?v=pU-QExgydz0)

4 de octubre de 2012




No sabía muy bien que significaba eso, pero si les digo la verdad, cuando lo descubrí, me fascinó y me convertí en uno de ellos. Eran los tiempos de libertad en San Francisco y yo, que apenas había cumplido 20 años, llevé mis ideas hacia extremos radicales. Además, todo aquello llevaba un aliciente que cautivó de sobremanera a nuestra generación porque la cosa consistía en tirar por tierra todo lo establecido, incluso yendo aún más lejos, cuestionar lo que dictaba la tradición, el conservadurismo, o como mis padres decían, las cosas hechas como Dios manda. Sabía, y como así sucedió, que mi padre no sólo no comprendía nada, sino que me reprochó muchas veces mi pérdida de tiempo y de dinero. Pero yo era consciente de que no podía esperar alentadoras palabras de un hombre cuya sensibilidad sólo se manifestaba ante el niquelado de un parachoques, por la sencilla razón de que era vendedor de automóviles. No, no me entiendan mal, jamás se lo reproché y además me daba igual. Yo era conceptual, como muchos de ustedes se habrán imaginado, y mi padre, simplemente, detestaba mis fotos, tanto como el único retrato que le hice.

· Fondo musical para acompañar la lectura: John Cage - Six melodies for violind and keyboard (http://www.youtube.com/watch?v=i5ssRFrgF2k&feature=relmfu)

3 de octubre de 2012



Hans Friedhofer heredó un rasgo familiar que acabó contagiando a su mujer Hildegard tiempo después de contraer matrimonio en la iglesia de una pequeña aldea de Renania. Ese rasgo era su imperturbable seriedad. Al principio, Hildegard trató de corregir esa incomodidad como mejor pudo, incluso pensó que el semblante de su marido cambiaria cuando decidieron emigrar a la tierra de la gran promesa ante el surgimiento del nuevo régimen que llevaría a Europa a la guerra. Ella sabía de la gran afición de Hans por las novelas de Karl May y por ello pensó que el inicio de una nueva vida en los escenarios que tantas veces él había imaginado durante sus lecturas juveniles suavizaría su rigidez, dándole un nuevo aire a su convivencia. Pero las ilusiones de Hildegard se disolvieron con el paso de los días porque Hans, que siempre fue un buen hombre que regentó su pequeño restaurante con rectitud y meticulosidad, se le acentuó aún más su rasgo genético adquiriendo la fisonomía de un indio viejo, como Winnetou, con lo que Hildegard, por amor, decidió solidarizarse con él y así, al menos, tener la fiesta en paz.

· Fondo musical para acompañar la lectura: Marek Weber und sein Orchester- Es muss was wunderbares sein (http://www.youtube.com/watch?v=GzJ_3fj3MI8)

2 de octubre de 2012



Siempre creyó la Sra. Higgins que sus vástagos fueron tocados por la varita mágica de la genialidad. Por ello hizo lo imposible para que llegasen a muy altas metas en la vida y, de paso, evitar que no repitiesen los devaneos de su padre, un modesto mecánico que acabó arruinando a la familia debido a su afición por el alcohol. Se entregó en cuerpo y alma a la educación de sus hijos, observando desde el principio las actitudes que mostraban en la infancia. Peter, que sacaba buenas notas en redacción, estaba destinado a ser un gran escritor, pensaba, como también que el futuro de Lionel sería ganar medallas olímpicas dadas sus habilidades deportivas y el de Louis lograr el Nóbel de física por sus excelentes resultados en matemáticas. Los años pasaron y sólo unos pocos constataron que el único talento que desarrollaron los tres hermanos fue el del arte del fingimiento, llegándolo a convertir en un acto humanitario al ocultarle la verdad a su madre en el lecho de muerte ya que, en realidad, Peter se ganaba la vida como gigoló y por eso se había dejado bigote, que Lionel no fue más allá de ser sparring por su dedicación a las apuestas ilegales y que Louis, el único que aprovechó mejor sus dones, falseaba las cuentas para sustraer dinero de la entidad en la que trabajaba como contable.

· Fondo musical para acompañar la lectura: Kid Ory's Creole Jazz Band - Tin roof blues (http://www.youtube.com/watch?v=fHmYLR4Qa-4)

1 de octubre de 2012



Fred y Giovanni fueron los mejores amigos que tuve en toda mi vida. Una época que siempre he recordado con melancolía y emoción pero que, ahora, aquí, en mi retiro en Maine, me viene a la memoria casi a diario cuando, hace unos pocos años y sin haber sabido nada de ellos durante décadas, sufrí un profundo estremecimiento al enterarme, casi por casualidad, que ambos habían muerto jóvenes, porque Fred había caído en las playas de Normandía y Giovanni en el frente de Anzio. Desde entonces, no dejo de pensar que aquel defecto que yo padecía desde mi niñez, y que malograba todos nuestros planes como cuando intentamos ganar dinero fácil en los bolos, me había separado definitivamente de mis amigos el día que fuimos llamados a filas. Porque era tal mi miopía, que aún oigo las risas cuando Jack nos hizo aquella foto, la única en la que estamos los tres juntos. Recuerdo que mis gafas me resultaban tan poco favorecedoras, que me apresuré a quitármelas y a guardarlas en el bolsillo, sin darme cuenta de que me había puesto de perfil y al lado de Aldo, el tipo que siempre nos había hecho trampas aprovechando mi deficiencia visual.

· Fondo musical para acompañar la lectura: Benny Goodman - Memories of you (http://www.youtube.com/watch?v=DWPLZ6FZiLI)