30 de noviembre de 2012



Mi padre no fue el mismo a partir de aquel 3 de mayo de 1969, cuando una llamada telefónica le comunicó que habían detenido a nuestro hermano Ricardo en el aeropuerto de Toronto. La esperanza de la familia, el estudiante ejemplar en el que nos teníamos que fijar los demás hijos y al que acababan de conceder una prestigiosa beca para estudiar matemáticas en la universidad de aquella ciudad, le habían arrestado al bajarse del avión. Desde un primer momento y entre sollozos, mi padre lo achacó a sus vestimentas que, según él, que era un respetable inspector de hacienda, eran demasiado extravagantes. Decía, además, que la tez morena de Ricardo, que era nuestro rasgo genético familiar más característico ya que éramos oriundos del sur, hacía destacar si cabe aún más los collares, las camisas y los chalecos estampados que se ponía. Recuerdo que, aunque mi padre se sentía muy orgulloso de sus resultados académicos, siempre le insistía que debía quitarse el bigote, hacerse una raya en el pelo y ponerse corbata, ya que así los catedráticos le tomarían más en serio. Pero mi hermano, que ya en el instituto había sentido la llamada del “hippismo”, le replicaba que nada tenía que ver la vestimenta con la sapiencia. Pero lo peor fue que, a pesar de su brillante cabeza, Ricardo era un ser muy tímido y cuando los agentes le invitaron a que se identificase, no se le ocurrió otra cosa que improvisar un nombre para salvaguardar su integridad. No supimos de donde lo sacaría, ni tampoco como solucionó el asunto, ya que las noticias posteriores que tuvimos de él fueron tan escasas como ambiguas. Sospechábamos que había abandonado las matemáticas, y aún así, para evitar males mayores, no quisimos decir nada a mi padre.

· Fondo musical para acompañar la lectura: Jimi Hendrix - Little wing (https://www.youtube.com/watch?v=a9-2vjzhwrs)

29 de noviembre de 2012



Los problemas del tío Théophile comenzaron en su adolescencia, cuando a su temprana tendencia por la vida contemplativa se unió su vocación de convertirse en "bon vivant". Algo que produjo una suerte de hecatombe familiar el día en que se lo confesó al abuelo, cuando éste, cansado de su indolencia, decidió hablar seriamente con él. La abuela, que siempre trató de mediar entre ambos dado el monumental enfado de su marido, intentó ayudar al tío. Es por eso que, con el fin de hacerle descubrir alguna habilidad, procuró incentivarle apuntándole en diversas actividades. Pero el tío acababa cansándose muy pronto de todas ellas. Hasta que, cuando todo el mundo estaba a punto de tirar la toalla dándole por un caso perdido, hubo alguien de la familia a quien de súbito le vino la inspiración. La idea se acogió con cierta satisfacción, y aunque tampoco los resultados fueron los esperados ya que demostró una vez más su ineptitud, al menos tenía una ocupación. Y lo que fue más importante para el abuelo, que la quietud que requería tal labor disimulaba casi a la perfección la holgazanería del tío, ofreciendo una imagen más amable hacia los demás.

· Fondo musical para acompañar la lectura: Stéphane Grappelli - Makin' whoopee (https://www.youtube.com/watch?v=qHm8B7ibeUY)

28 de noviembre de 2012



Recuerdo que me cogió un poco de improviso. También es cierto que a esa edad no se tiene demasiada conciencia de las cosas. Y yo, desde luego, no la tenía. Era aún pequeña. Pero el simple hecho de sentirme princesa por un día era algo muy tentador, incluso diría que maravilloso, por la simple razón de que todas las miradas se dirigirían a mí. Y si les soy sincera, esa fue mi mayor preocupación, mucho más que mis malas notas en matemáticas. Al fin y al cabo, quería ser el centro de atención y estaba dispuesta a hacer lo posible con tal de cumplir mi deseo, aunque todo estuviese supeditado a la economía familiar que, por otra parte tampoco era muy boyante. Pero ni falta que hacia, porque había otras cosas más importantes para mí y, además, al final tampoco vino mucha gente. Éramos una familia muy pequeña y mis progenitores tampoco tuvieron lo que se dice una gran vida social. Mas bien al contrario, ya que mi padre tenía fama de tacaño y antipático y mi madre de ser una mujer introvertida. Yo jamás me atreví a preguntarles el por qué de ello, ya que a los niños nos habían enseñado que teníamos que callar y obedecer a los mayores. Sin embargo, ahora, hoy en día, cuando pienso en aquello, me doy cuenta que en el fondo me dio igual. Lo importante para mí fue que ese día todos me miraron. Aunque fuesen pocos.

· Fondo musical para acompañar la lectura: Sam Cooke - Nobody knows you when your down ans out (http://www.youtube.com/watch?v=REBQrB2loAE)

27 de noviembre de 2012



El tío Benny fue una persona tan cordial como osada. Todo un personaje, decía mi padre. Pese a su aspecto bonachón, fue todo un nido de sorpresas, siendo su desmesurada afición al Jazz la que más llamó la atención de los suyos, convirtiéndole en una especie de bicho raro en la familia. El tío aprendió a tocar la trompeta en sus ratos libres y asistía a todos los conciertos que podía, sobre todo si actuaba su admirado Joe “King” Oliver. Pero su devoción también le ocasionó constantes disputas con la tía Louise que no aprobaba demasiado sus inclinaciones artísticas. La tía le decía que los negocios eran incompatibles con la vida bohemia porque los artistas tenían fama de ser gente de mal vivir, y que si ello llegaba al conocimiento de sus empleados, estos podrían perderle el respeto. El tío Benny solía hablar poco para no empeorar las cosas, y si la tía Luise elevaba la voz, él esbozaba una gran sonrisa tratando de quitarle importancia al asunto. Es por ello que ella tampoco supo que el hombre con el que estaba casada había ganado diez dólares al apostar con sus empleados que sería capaz de hacer que el primer tipo trajeado que se parase en su gasolinera se sirviese él mismo. Lo que el tío no se pudo imaginar es que su víctima fue Roscoe Barnes, el presidente de una de las principales aseguradoras de Chicago.

· Fondo musical para acompañar la lectura: King Oliver's Creole Jazz Band - Dippermouth Blues (https://www.youtube.com/watch?v=J-HJI464CVs)

26 de noviembre de 2012



A tenor de los acontecimientos narrados por mi padre, podría decirse que abuelo Robert estuvo muy alejado de ese papel que le dieron a muchos otros, a los que les suelen llamar testigos de la historia. Porque el abuelo fue un hombre muy despistado, lo que le llevó a perderse algunos de los acontecimientos importantes de su tiempo por la simple razón de que le sorprendieron mirando hacia otro lado. Algo en lo que, según la abuela, influyó el carácter contemplativo de sus compañeros del ejército del aire destinados en un pequeño aeródromo a las afueras de Glasgow, donde fue a parar de manera fortuita. Todos ellos eran civiles movilizados y como tales estaban poco duchos en estrategia militar. Sin embargo y conscientes de ello, los oficiales que estaban al mando se percataron enseguida de que todos ellos presentaban una irrefrenable tendencia común por la observación. Por lo que el teniente Richardson, el superior de mayor rango en aquel lugar, decidió aprovechar tal habilidad para misiones de vigilancia a lo largo de las pistas de aterrizaje, teniendo que dar parte de cualquier factor de riesgo, como la llegada de un frente nuboso o una posible invasión aérea, algo que al parecer no sucedió. Pero el abuelo siempre se sintió orgulloso de su servicio porque, como acredita el único documento gráfico existente de él junto con sus compañeros, tan sólo trató de cumplir su cometido lo mejor que pudo, pese a lo engañoso que pudiera resultar su gesto habitual de tener las manos metidas en los bolsillos.

· Fondo musical para acompañar la lectura:  The Ink Spots - I don't want to set the world on fire (https://www.youtube.com/watch?v=6l6vqPUM_FE)

23 de noviembre de 2012



Siempre nos consideramos niños normales. Cierto era que vivíamos a las afueras de una pequeño pueblo, en una casa grande rodeada de árboles. Nuestros padres tampoco se relacionaban demasiado con aquellas gentes, incluso les suscitaban un extraño miedo, aunque estas tampoco escatimaban al ponerse a murmurar a nuestro paso, cuando salíamos de paseo. Por ello vivíamos aislados, ajenos a todo lo que sucedía más allá de la verja de la finca. Una de las pocas conexiones con el mundo exterior era el colegio, donde mis hermanas y yo tampoco nos prodigamos en amistades, mas bien al contrario, notábamos que los otros niños se inquietaban con nuestra presencia y nos hacían el vacío. Pero no nos importaba, porque estábamos acostumbrados, como suponemos que le pasaría a cualquier hijo de actores, porque papá y mamá eran actores de teatro, aunque siempre hicieron papeles secundarios, de espectros o de cadáveres, cosas de las obras góticas que les tocaba representar, lo que les creó fama de siniestros. Nosotros solo tratábamos de seguir sus pasos, imitando algunas de sus escenas en nuestros juegos cuando venían las visitas. Pero todo empezó cuando provocamos un infarto a la pobre Sra. Jones.

· Fondo musical para acompañar la lectura:  J. S. BACH - Largo del Concierto nº 5 en Fa menor BWV 1056 - Glenn Gould (Piano) (https://www.youtube.com/watch?v=CyKXhoxj9b0)

22 de noviembre de 2012



Sí, ya sé lo que estarán pensando. Que niño tan adorable, ahí, tan mono, posando con su cestita llena de conejitos. Y que cara tan simpática. Seguro que fue un chico muy educado y responsable que siempre sacó matrículas de honor. Lo que le llevó a graduarse en Harvard con la nota más alta de su promoción, para convertirse después en un respetado hombre de negocios que sacó tiempo para promover obras filantrópicas. Quizá a muchos de ustedes les hubiese gustado tener un amigo en el colegio como él. Pero no se engañen. ¿Y si les digo que fue un gusano que pisó a todo aquel que creía que le podía hacer sombra? ¿Qué fue un tiburón de Wall Street arrogante y ambicioso que no dudó en hundir a muchas personas, incluso a sus mejores amigos, con tal de mantener su estatus y ampliar su fortuna? ¿A que ahora les he sorprendido? Pues todo lo que les acabo de decir no es cierto. Lo único que hay de verdad es que ese soy yo hace setenta años. Sí, ya sé que esperaban una gran historia, pero esa no la he tenido. Mi vida ha sido muy normal. Ni tan siquiera recuerdo que fue de aquellos conejitos. Pero me han prestado un poco de atención y eso es lo más importante para mí.

· Fondo musical para acompañar la lectura: Carroll Gibbons and the Savoy Hotel Orpheans - Music Maestro please (https://www.youtube.com/watch?v=d6Q4QZm6m7Q&feature=related)

21 de noviembre de 2012



James Casey se ganó el alias de “Jimmy dos caras” desde que se inició de adolescente en el mundo de la delincuencia, cuando Marty Lancaster, su amigo de la infancia, le introdujo en la banda de Paddy Wilkins, uno de los ladrones más buscados de Newcastle. Éste pronto se dio cuenta de las habilidades de James que, desde el primer momento, puso entusiasmo y arrojo en cada robo que perpetraban. Pero su mayor destreza fue la interpretativa que, unida a su fisonomía, hizo que acabase convirtiéndose con el paso del tiempo, y para desgracia de Paddy, en el enemigo público número uno. Su táctica, según confesaron muchos años después antiguos compinches suyos, era muy sofisticada. James entraba en un banco mirando hacia el suelo. Al llegar a la ventanilla elevaba su cabeza poniendo su perfil izquierdo y, en el mismo instante que sacaba el revolver, la giraba para mirar de frente al cajero. La impresión que solía causar era tan grande que rápidamente le entregaban el dinero. Hasta que aquel fatídico 14 de abril de 1936 cambió su suerte y se terminó su carrera delictiva. Al parecer, James ya era consciente de que su rostro era demasiado conocido después de tantos atracos a cara descubierta, por lo que ese día decidió taparse con un pañuelo. La extrañeza que sintió cuando lo detuvieron se la aclararían más tarde, durante el interrogatorio. Le habían reconocido por las orejas.

· Fondo musical para acompañar la lectura: Jack Payne & BBC Dance Orchestra - Whistling In The Dark (https://www.youtube.com/watch?v=kjyIA7qLzrw)

20 de noviembre de 2012



Antes de hacerse novios en el instituto de la pequeña localidad de Foley, Minnesota, y contraer matrimonio al cumplir la mayoría de edad, Bert Lambert y Fanny Williams habían pasado toda su infancia juntos. Sus familias, que se conocían desde hacía mucho tiempo, habían estrechado lazos de amistad a partir del nacimiento de ambos. No sólo llegaron al mundo en el mismo día, sino que, por los caprichos de la naturaleza, las dos criaturas vinieron con una fealdad congénita. Bert y Fanny crecieron saliendo disfrazados a la calle, porque sus respectivos progenitores trataron de hacer lo posible por pasar desapercibidos y así evitar posibles sobresaltos entre sus conciudadanos. Y aunque a los niños aquello les resultaba muy divertido al principio, llegó un momento en que no lo fue tanto, porque con la adolescencia los intereses cambian y Bert y Fanny eran conscientes que no tenían edad para llevar caretas, ni bazas para presumir y ni mucho menos, probabilidades de convertirse en los chicos más populares del instituto, aunque en realidad fuesen bien conocidos por todos. Se convirtieron en almas gemelas y, con el paso del tiempo, siguieron sacando fuerzas para salir adelante, a pesar de que sus dos hijos heredaron sus mismos genes. Hasta que un buen día Bert y Fanny hallaron su lugar en el mundo, cuando consiguieron un empleo en un parque infantil. Además, podían ir vestidos desde casa lo que, por la fuerza de la costumbre, hizo que sus vecinos los acabasen viendo con naturalidad.

· Fondo musical para acompañar la lectura: Blues Brothers - Stand by your man (https://www.youtube.com/watch?v=ZVTGpVHo9a0)

19 de noviembre de 2012



Bernard Ellis murió en el más absoluto de los anonimatos pese a sus esfuerzos por reivindicar que él fue la fuente de inspiración para George Gershwin cuando compuso su célebre tema “I got rhythm”. Según les relataba a sus conocidos, el médico de su familia, el Doctor Hastings, conocía al compositor y que una vez, al coincidir con él en una cafetería de Broadway, le había contado su caso. Al parecer, unos días antes, Bernard había provocado la curiosidad del galeno porque en una revisión ordinaria se había percatado de que su corazón latía con un ritmo especial, lo que le hizo pensar que llevaba la música en la sangre y que ello significaba que estaba predestinado a tener un gran futuro musical. Es por eso que se matriculó en la prestigiosa academia de Miss. Weaver en Brooklyn, pero la euforia de tal descubrimiento se disipó en tan solo la primera sesión, ya que Bernard ni tenía oído y ni poseía facultad vocal alguna. Al parecer, disgustado por tal hecho y por la cosa de que su nombre apareciese en la historia, se agarró como un clavo ardiendo a tal coincidencia, atreviéndose a pedirle una cita al compositor. Pero según sus allegados, Bernard era bastante ingenuo y por ello, muchas de sus historias eran producto de su descontrolada imaginación.

· Fondo musical para acompañar la letura: Sarah Vaughan - I got rhythm (George Gershwin) (https://www.youtube.com/watch?v=5G7UIeYGq0k)

16 de noviembre de 2012



En mi familia todo era demasiado exagerado. Cuando mi hermana Eva se sacó el título universitario mis padres organizaron una gran fiesta a la que vinieron hasta los conocidos más lejanos. Yo sabía que Eva era como era y que tampoco fue una estudiante ejemplar, pero a ella le pareció desproporcionada la alegría que mostraron nuestros progenitores. Los dos éramos conscientes de que papá y mamá no lo tuvieron fácil en su época, pero una cosa era la superación y otra bien diferente montar tales oropeles y de aquella manera para que todo el mundo se enterase de la brillantez académica de sus vástagos. No era para tanto, porque yo era más bien un estudiante discretito, aunque sabía que a mi madre le gustaba presumir ante sus amigas. Lo bueno de todo este asunto es que yo ya estaba prevenido de lo que me esperaba cuando saqué el bachillerato, porque ella, embargada por el orgullo maternal, se empeñó en que para tal ocasión yo me presentase a recoger el título con la elegancia característica de toda familia de bien. Mi padre, claro está, a pesar de su alegría procuró pasar algo más desapercibido, pero para mis compañeros fui lo mejor del acto académico ya que mi traje de pipiolo, y sobre todo mi clavel en la solapa, les resultó de lo más divertido porque en aquella época yo era punk.

· Fondo musical para acompañar la lectura: Dead Kennedys - Too drunk to fuck (https://www.youtube.com/watch?v=l7TWLxCIgwE)

15 de noviembre de 2012



Desde que le conocí en el instituto, Casimiro siempre mostró una gran pasión por la música siendo para mí, además de mi mejor amigo, un verdadero gurú del rock. También era cierto que su padre trabajaba en una multinacional y cada vez que viajaba a Londres siempre le traía discos de los Kinks, Manfred Mann, The Animals, The Who y tantos otros. Además, Casimiro siempre llamaba la atención por las pintas tan modernas que gastaba. He de reconocer que yo quería ser como él, pero la modesta paga que me daba mi padre apenas me daba para comprar unas casetes vírgenes en las que grababa los discos que me dejaba mi amigo. Aún así tampoco me quejaba, ya que Casimiro me invitaba muchas veces a su casa para escuchar sus novedades discográficas en su tocadiscos, que era de una marca sueca de gran nivel. Pero Casimiro también fue un creador de tendencias que se adelantó a su tiempo. Aún recuerdo las risotadas de muchos cuando apareció la primera vez con aquellos auriculares, uno de los primeros modelos que salieron al mercado y que su padre había adquirido en uno de sus viajes londinenses. Ahí estaba él, enchufado a su magnetófono que llevaba metido en la cartera y consciente de las envidias que despertaba entre los compañeros, porque el podía ir caminando por la calle escuchando música, cuando nadie en aquella época se podía imaginar que décadas después se convertiría en algo habitual.

· Fondo musical para acompañar la lectura: The Kinks - Sunny afternoon (https://www.youtube.com/watch?v=pIKsHh3BFPI)

13 de noviembre de 2012



Martha y Frederick eran conscientes de las dificultades que conllevaba su vocación cuando dieron sus primeros pasos en una importante academia de arte dramático en Nueva York. Se habían conocido en las clases de interpretación de Zsigmond Szabolcsi estableciendose entre ellos una buena amistad. Pero, tras terminar sus estudios, volvieron a coincidir en pequeñas obras del Off–Broadway desempeñando ambos roles de escasa relevancia. Fueron pasando los años y Martha y Frederick seguían sin conseguir el papel de su vida, pero sus caminos se cruzaban una y otra vez sobre los escenarios, siempre con personajes de dos o tres frases. Un día Martha se presentó al casting para una película de ciencia ficción que iba a dirigir el afamado Roger Desmond, como también hizo Frederick. Y de nuevo volvieron a reencontrarse, pero esta vez harían dos personajes mucho más cercanos y sin diálogos, porque ambos serían la pareja que se besa al entrar en el gran cohete espacial en el que huyen los habitantes de una colonia lunar ante la amenaza de una invasión marciana. Su interpretación fue tan convincente que Desmond prolongó la toma unos segundos más, convirtiéndose en una de las escenas icónicas del film. Martha y Frederick participaron en las tres secuelas que se rodaron a continuación, hasta que decidieron abandonar el cine, cansados de hacer el mismo papel y con las mismas escafandras.

· Fondo musical para acompañar la lectura: Lydia Kavina - Clair de lune (https://www.youtube.com/watch?v=Xn4TgYkqdi8)

12 de noviembre de 2012



Los tiempos que les tocaron vivir a Nicholas y Edna no fueron fáciles porque pese a sus anhelos, las circunstancias, casi siempre caprichosas, les empujaron a recorrer algún que otro camino zigzagueante. Pero, al igual que tantos otros, fueron sorteando los obstáculos de la mejor manera que pudieron. Y cuando Nicholas se asentó como vendedor en una tienda de electrodomésticos y la pequeña peluquería de Edna comenzó a marchar bien, tuvieron por primera vez la sensación de tener la suficiente seguridad para encarar el día a día. Además, era un matrimonio poco proclive a los excesos, lo justo como para llevar a los niños unos días de vacaciones a la playa y permitirse de vez en cuando una niñera para poder salir a cenar con los amigos. Nicholas tampoco tenía aficiones caras, salvo ver los fines de semana los partidos de béisbol por televisión. Y así fueron pasando los años, y sus hijos creciendo, hasta que el bullicio de siempre se convirtió en silencio cuando su quinto vástago se marchó del hogar. Ese día, el primero en el que se quedaban los dos solos, Nicholas quiso inmortalizarlo de la misma manera que aquella fotografía que se habían hecho 35 años atrás, de recién casados, cuando estrenaron la casa. Pero ahora era diferente. Él, con esa ligera sonrisa contenida, pensaba en su cercana jubilación y en que después tendrían todo el tiempo del mundo, y ella, quien en ese momento preparaba la mesa para comer, no quiso darle importancia a la ocurrencia de su marido, porque sabía que tarde o temprano vendría la algarabía de los nietos, como le solía pasar a casi todo el mundo.

· Fondo musical para acompañar la lectura: Louis Armstrong - We have all the time in the world (https://www.youtube.com/watch?v=RMxRDTfzgpU)

9 de noviembre de 2012



Desde que se conocieron en el instituto, Nino Bertone y Tarsicio Bonello se hicieron íntimos amigos por su temprana y común inquietud por el diseño de moda. Pero el incipiente aspecto sofisticado que empezaron a mostrar unido a su especial relación amistosa aumentaron, si cabe aún más, las habladurías entre los vecinos de su pequeña localidad natal, San Giovannello, algo que molestó de sobremanera a sus respectivos progenitores, ya que el de Nino era médico y el de Tarsicio notario. Por eso mismo, y dadas las escasas oportunidades y los respectivos desacuerdos paternos, decidieron abandonar Sicilia y emigrar a New York, donde estaban convencidos que podrían dar rienda suelta a su creatividad con total libertad. Y se cumplieron sus pronósticos, ya que, en poco tiempo, consiguieron ser conocidos, aunque principalmente por su gran sentido del humor, al imprimir un aire renovador y desenfadado a la seriedad predominante con su innovadora línea de calcetines para hombre que se salía por completo de la tendencia dominante. Sea como fuere, el fracaso no pudo borrar su sonrisa y, aunque hoy en día nadie sea consciente de ello, sus modelos de calcetines son los más codiciados en Manhattan.

· Fondo musical para acompañar la lectura: James Taylor Quartet - Blow up (http://www.youtube.com/watch?v=qtZefq51Y7I)

8 de noviembre de 2012



La tía Adeline tuvo un carácter complicado que, unido a su miopía y a ese leve pero sempiterno levantamiento de ceja, hacía que muchos de sus amigos prefiriesen tenerla a cierta distancia. Y no era para menos, porque sus actos, y dada su deficiencia visual, casi siempre afectaban al menos indicado. La tía era la secretaria de Milton Hopkins, ni más ni menos que el rey de la venta de coches en Cincinnati, como a él gustaba llamarse en sus anuncios publicitarios. Milton, que llevaba su profesión de comercial en la sangre, era un tipo simpático, lenguaraz y seductor que siempre trató muy bien a la tía Adeline. Pero ella, sintiéndose querida, confundió la amabilidad con el amor y no se le ocurrió otra cosa mejor que enamorarse de él. Los intentos de mamá y la abuela de hablar con ella, conocedoras de tal situación y por temor a que pudiese meterse en un buen lío, fueron infructuosos, ya que los celos hicieron que la tía acabase incrustando su máquina de escribir en el cráneo equivocado, el de una mujer a quien en aquellos momentos Milton enseñaba un Buick descapotable con demasiada cortesía. Luego, en comisaría, la tía supo que su mala puntería le supuso a la esposa de Milton doce puntos en la cabeza y a ella una elevada suma de dinero por daños y perjuicios.

· Fondo musical para acompañar la lectura: The Shirelles - Will you love me tomorrow (http://www.youtube.com/watch?v=LVNUd6J5CQA)

7 de noviembre de 2012



El undécimo seminario de musicología de la Universidad de Oxford fue el más controvertido de todos los organizados hasta aquel momento por el inusual hallazgo que presentó el distinguido orientalista y profesor Reginald Owens. Durante su ponencia desveló que, durante sus investigaciones en la biblioteca de Nueva Delhi, había encontrado los discos de pizarra que había grabado el Dr. Mortimer Woodsworth, el mayor especialista en música indostaní, y que se creían perdidos. Añadió después, que entre ellos había uno, fechado en 1927, que le había llamado poderosamente la atención por «la insólita arquitectura armónica de la propia melodía y la interpretación de carácter vanguardista llevada a cabo por el inquietante Shashinarayan Bhattacherjee», como había dejado escrito el Dr. Woodsworth en sus anotaciones. En ellas, según el profesor Owens, había un apunte más sobre el músico. El referido al pequeño incidente, justo antes del comienzo de la grabación, cuando a Shashinarayan se le rompió una cuerda al afinar su tampura y decidió tocar con las tres restantes. El escándalo estalló en la sala al afirmar el profesor Owenss que esa melodía era el verdadero origen de la música psicodélica, y que el tema que los Beatles habían hecho con violines, voces, efectos y medios técnicos, Shashinarayan lo había tocado medio siglo atrás con sólo tres cuerdas. Aún hoy en día continúa la polémica.

· Fondo musical para acompañar la lectura: The Beatles - Whitin you whithout you (http://www.youtube.com/watch?v=ljnv3KGtcyI)

6 de noviembre de 2012



Las aptitudes inventivas que mostró Hans–Jürgen Weissman en su adolescencia pronto le convirtieron en un vecino conocido entre los habitantes de la pequeña localidad de Hirnsberg. El hijo del relojero parecía que había heredado la precisión de su padre. Y fue, tras graduarse en Ingeniería Mecánica en la Technische Universität de Munich, cuando tuvo la gran idea de crear un vehículo asequible y económico para todo el mundo. Tras un arduo trabajo al que se entregó con entusiasmo llegó el gran día en que presentó su prototipo en público, entre el que se encontraban varios ingenieros de una conocida compañía automovilística que Hans–Jürgen había convencido para que viniesen hasta Hirnsberg. Pero, por las cosas del destino y contra todo pronóstico, significó el fin de su prematura carrera, al menos dentro del mundo del motor, no quedándole más remedio que emplearse en el negocio de su progenitor. Según varios testimonios, se alabaron las buenas intenciones del proyecto, porque un vehículo vendido por piezas de diferentes diseños permitía un modelo personalizado. Pero su ensimismamiento no le hizo caer en la cuenta del engorro que suponía el montaje. Aunque hay quienes han querido ver en este hecho la fuente de inspiración del fundador de una conocida empresa sueca de decoración.

· Fondo musical para acompañar la lectura: Leo Monosson - Tango "by Markush" (https://www.youtube.com/watch?v=olWAvJU0ZWU)

5 de noviembre de 2012



La fama de lunáticos que se ganaron los hermanos Coolidge entre los habitantes de Farmington fue a causa de su temprana afición por el mar. Según cuentan algunos de sus compañeros de instituto, todo empezó cuando Benjamín y Jonas Coolidge descubrieron las novelas de Joseph Conrad a cuya lectura se entregaron con entusiasmo. Al parecer, su idea era ir a los mares del sur, por lo que, durante varios años, dedicaron todo su tiempo libre a planear con todo detalle su viaje. Pero al finalizar sus estudios, los sueños de surcar los mares resultaron no ser muy compatibles con los planes que su padre, Ambrose Coolidge, había previsto para ellos, ya que tendrían que hacerse cargo de la pequeña empresa familiar. Las cosas no estaban para perder el tiempo en caprichos absurdos, repetía el malhumorado Ambrose cada vez que sus hijos hacían una alusión marítima. Sea como fuere los años fueron pasando y, tras la muerte del progenitor, Benjamín y Jonas no sólo supieron mantener el negocio, sino que aumentaron las ganancias. Pero jamás pudieron abandonar la localidad que les vio nacer. Es por ello que, en plena madurez y viendo que las cosas iban bien, decidieron materializar las aventuras tantas veces recreadas en su imaginación acondicionando la mansión familiar. El hecho de ver a los Coolidge dando saltos en bañador cuando no sabían nadar y en un lugar como Farmington situado cerca del desierto de Nuevo México, hizo que sus conciudadanos les mirasen con un mayor recelo.

· Fondo musical para acompañar la lectura: Bobby Darin - Beyond the sea (https://www.youtube.com/watch?v=Mk9kUaxKl6k)