23 de marzo de 2013


Magda Richards siempre provocó una enorme curiosidad entre sus vecinos porque ella, que era una mujer que más bien pasaba desapercibida, tenía una agitada existencia que, por otro lado, ella misma se encargaba de difundir, alimentando con ello su leyenda. Nadie le conoció marido alguno, ni siquiera amantes. Se la veía de tanto en tanto, y las ocasiones en que unos y otros coincidían con ella, Magda se entregaba con devoción a contar sus aventuras. Decía que su vocación por los viajes nació cuando era niña, en el cine, al sentirse siempre atraída por los personajes de exploradores, aunque estuviese Tarzán de por medio. Pero nadie vio imagen alguna de los sitios donde decía que había estado, ni tan siquiera de ella misma equipada como decía que iba, con un látigo, un morral y una pistola automática. Pero en el fondo, a todos les daba igual porque ella era una gran narradora que les proporcionaba los mejores momentos de sus vidas, aunque a veces fuesen en una acera bajo un paraguas. Incluso hubo un adolescente que la admiraba, quedándose absorto cada vez que se la encontraba y le contaba alguna de sus historias. Era un tal Steven que después, dicen, se metió en la cosa del cine.

· Fondo musical para acompañar la lectura: Nick McKaig - The Indiana Jones Theme (A capella) (http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=hHpi5jvrfaA)

22 de marzo de 2013



Cuando al tío Maximilian le llamaron de América, a la abuela le pareció un asunto extraño porque el inglés siempre se le había atragantado. Sin embargo, a mí todo eso me resultó un acontecimiento excitante. Eran los tiempos de la Guerra Fría, yo era un niño de doce años y además, un apasionado de las películas de marcianos. Por ello, enseguida comencé a imaginarme al tío en el desierto de Nevada, en una misión secreta del gobierno. Al hombre que lograría el tan ansiado contacto con seres venidos del espacio exterior y que, como él, tampoco sabrían hablar bien el inglés. Por eso le habían escogido, pensaba para mis adentros. Y cuando el tío cogió el barco en Hamburgo y se marchó, decidí, en mi emoción, que todos los días, camino del colegio, me pararía en el quiosco de la Schillerstrasse para ver las portadas de los periódicos, porque tarde o temprano, pensaba, saldría en ellas. Luego, muchos años después, mi padre me contó que el tío, como no tenía empleo, simplemente había echado una solicitud para trabajar en una fábrica de conservas en Alaska. Me entristecí un poco, pues me hubiese gustado ver al tío convertido en héroe, pero a esas alturas de mi vida también sabía que era imposible que un Secretario de Estado llamase a un humilde mecánico de Baviera.

(foto: cortesía de Judith Gallimó)


· Fondo musical para acompañar la lectura: Patio Talk & Paula  -Plan 9 From Outer Space (Soundtrack) (https://www.youtube.com/watch?v=PDA-xcfD9uA)

21 de marzo de 2013



No quiero que piensen que soy un aguafiestas que viene aquí a fastidiar sus ilusiones. Soy consciente que a todos les gustan las historias, y que si estas poseen un componente épico o misterioso, su fascinación por ellas es aún mayor. A mi me pasa igual, para que les voy a engañar. Pero claro, cuando se trata de reivindicar una verdad histórica enseguida surgen los problemas, porque lo que creíamos que era legendario se ha convertido en algo vulgar que nos produce una enorme decepción. Yo tan sólo he intentado prevenirles, porque si he venido aquí es para acabar con una falsa creencia que probablemente les va a doler mucho... Bob Kane no inventó a Batman. Fue mi bisabuelo Nigel, cuando ejercía de predicador en Sudbury, a unas sesenta millas de Londres. Desde niño había nacido en él una fuerte vocación por ayudar a los más necesitados tomando los hábitos al cumplir la mayoría de edad, pero la realidad es que su ministerio fue un continuo fracaso durante mucho tiempo. Por lo que urdió un plan para que los habitantes de aquella localidad, que eran casi todos ateos, le viesen con mejores ojos. Por ello le dio a su indumentaria un aire más moderno, acorde con la moda de su época, aunque la capucha sólo se la ponía en invierno ya que en esa zona hace muy frío. Y de ahí su apodo, “el murciélago”. Pero al lograr un aspecto mucho más amable, consiguió al menos que acudiese más gente a su oficio dominical, sobre todo niños.

· Fondo musical para acompañar la lectura: Florrie Forde - Only a dream (https://www.youtube.com/watch?v=QWILugIBGrg)

19 de marzo de 2013



Ivan Petrovich Mikhailov, el que fuera mi maestro en la escuela de primaria, le llamaba el David Crockett de Siberia. Y en cierta manera era así, pues conocía como la palma de su mano todos los bosques y los rincones que rodeaban la pequeña localidad donde vivíamos, a faldas de los Urales. No era un hombre culto sino más bien casi un analfabeto, aunque sabía leer cualquier indicio, señal, rastro, huella o lo que fuese que le mostrase la naturaleza salvaje, porque su oficio era trampero, como lo fue su padre y lo fue su abuelo. Todos los días se levantaba antes de que saliese el sol y regresaba al caer la noche, casi siempre con alguna pieza capturada. Después, tras la cena, se sentaba a fumar su pipa y a beber su trago de vodka, en silencio, ante la chimenea. Un ritual que mantuvo religiosamente hasta el final de sus días. Era un hombre menudo, serio, con escaso sentido del humor, sin apenas vida social, casi un ermitaño, y nada dado a mostrar sus sentimientos hacia los suyos, a pesar de que siempre nos quiso, aunque lo demostrase a su manera. Y nosotros, su familia, acabamos acostumbrándonos. Él era así, pero sobre todo era mi padre. 

(19 marzo 2013, día del padre)

· Fondo musical para acompañar la lectura: Olga Kamienska - Ugolok (https://www.youtube.com/watch?v=T6g-QcRO-c4)

15 de marzo de 2013



Sé que a muchos de ustedes les gustan las historias curiosas o con un cierto toque de extravagancia. Les confieso que a mí también. Pero hoy no he podido evitar el cambio de registro porque, hurgando hace un rato entre mis viejos papeles, me encontré con la imagen de Carmelo y Elena del día en el que comenzaron a salir juntos, hace más de cuarenta años. Sin embargo, no he tenido noticias de ellos desde hace décadas, no sé si aún siguen juntos, ni siquiera si están vivos. Los conocí en la universidad, y fueron parte de mi grupo de amigos que, cuando descubrieron sus mutuos sentimientos, se distanciaron de nosotros. Cosas de los enamorados. Pero aunque fueron dos personas discretas, hubo algo que siempre nos llamó la atención a todos, aunque nunca supimos con certeza que era. Recuerdo que tampoco le dimos demasiada importancia. Y hoy, precisamente, yo, que he tenido una vida normal y sin sobresaltos, he tenido la sensación de haber descubierto ese algo. Si, el aspecto del rostro de ambos, como de ratón de biblioteca. Pero quizá todo esto sea una nadería y que en el fondo, sin saberlo, todos envidiábamos el brillo de sus ojos.

· Fondo musical para acompañar la lectura: Artie Shaw & his orchestra with Helen Forrest - All the things you are (http://www.youtube.com/watch?v=PhBQd2VMWzA)

14 de marzo de 2013



Aunque hoy en día a nadie le suena el nombre de Hermenegildo Pérez, lo cierto es que se convirtió en una de las personalidades más célebres del París de la Belle Epoque. Incluso las principales autoridades de aquella época acudían con entusiasmo a su espectáculo. Hay testimonios que afirman que hubo momentos en que llegó a eclipsar a la figura del gran Houdini. Pero a Hermenegildo, que nació en un pequeño pueblo de Soria, jamás se le pasó por la cabeza rivalizar con aquel, porque era un hombre muy humilde y, además, su especialidad no era el escapismo, sino el submarinismo, algo que el crítico de arte Victor Jolivet consideró también un “Istmo”, por lo que situó las acciones de Hermenegildo dentro de las Vanguardias Históricas, llegando, gracias a sus teorías, a llevar a éste último al Museo de Orsay. Y con notable éxito de asistencia. Pero los datos posteriores sobre Hermenegildo son difusos, aunque la leyenda dice que falleció a causa de una deshidratación.

· Fondo musical para acompañar la lectura: Camille Saint-Saëns - "Aquarium" de El carnaval de los animales (https://www.youtube.com/watch?v=6La9ltI3Jt4)

13 de marzo de 2013



Hans Achterberg fue un hombre corriente que tuvo una existencia normal con un trabajo cómodo que le permitía muchas horas libres porque, en realidad, había heredado la empresa familiar. Es decir, que su vida laboral se reducía a firmar de vez en cuando unos cuantos papeles, ya que para todo lo demás estaban su secretaria, sus consejeros y sus asesores legales. Hans pertenecía a una rica familia de Bonn que se podía permitir todo cuanto quisiese, desde una colección de lujosos automóviles hasta varias propiedades repartidas por diferentes países. Pero en realidad todo aquello no le satisfacía, lo que le llevaba a profundos estados de melancolía durante largas temporadas. Porque en realidad era un hombre carcomido por la soledad y la culpa de todo ello se la atribuía a la escasa capacidad de la señorita Meyer, el ama de llaves de la familia, para pasar algo más inadvertida. Todo había empezado cuando Hans se convirtió en un apuesto adolescente. Su madre, temerosa de que su hijo pudiese caer bajo los encantos de una joven que no fuese la adecuada para su posición social, pidió a la señorita Meyer que estuviese cerca de él. Fueron numerosas las chicas que pasaron por los brazos de Hans, como breves las relaciones que tuvo con cada una de ellas, porque la señorita Meyer, sin quererlo, había marcado los tiempos por su ilusión a salir en las fotografías al lado de Hans con su conquista de ese momento.

· Fondo musical para acompañar la lectura: Bernhard Ette & Orchester + Billy Beyler (voz) - Ich glaub' Madame, Sie haben einen schwips (http://www.youtube.com/watch?v=8MknJxLr3c8)

12 de marzo de 2013



No se si me oyen bien,… ooohhh~whhhaaa… Me he quitado la mascarilla de oxígeno y me cuesta respirar,… ooohhh~whhhaaa… Sé que mi voz es casi un leve susurro,… ooohhh~whhhaaa… tengo casi noventa años y ha pasado mucho tiempo,… ooohhh~whhhaaa… Recuerdo un largo viaje,... ooohhh~whhhaaa… De repente paré el tren en mitad de la nada,… ooohhh~whhhaaa… El cielo estaba muy gris,... venía una tormenta,… ooohhh~whhhaaa… Cuando bajé al andén vi siluetas,… ooohhh~whhhaaa… Me miraban,… ooohhh~whhhaaa… Una de ellas comenzó a acercarse a mi,… Estalló un relámpago y comenzó a llover,… ooohhh~whhhaaa… Ellos comenzaron a rodearme,… me asusté,... ooohhh~whhhaaa… No hice nada malo,… yo sólo era el maquinista,… ooohhh~whhhaaa… Y ellos, los pasajeros,… ooohhh~whhhaaa… Parecían muy enojados… ooohhh~whhhaaa… Pero la vi en ese apeadero y tuve que parar,... ooohhh~whhhaaa… No sé si era un espectro, sólo sé que la vi y que tenía que parar,… ooohhh~whhhaaa… Ellos decían que no había nadie… ooohhh~whhhaaa… Ellos tenían prisa… ooohhh~whhhaaa… Pero yo la vi,... ooohhh~whhhaaa… Yo la vi... ooohhh~whhhaaa… ooohhh~whhhaaa…___________________

· Fondo musical para acompañar la lectura: Jack Nitzsche - "Closing theme" from One Flew Over Cuckoo's Nest (Milos Forman, 1975) (https://www.youtube.com/watch?v=D_oxddcwR5U)

11 de marzo de 2013



Ante la inmensidad de su factoría automovilística en Clermont–Ferrand, Bernard Lafitte encargó a sus consejeros que buscasen al inventor más ingenioso de toda Francia para que le proporcionase la solución idónea con la que pudiese inspeccionar en la menor brevedad de tiempo posible cada uno de los rincones de su enorme cadena de montaje. Tras meses de denodada búsqueda y hastiado como estaba el consejo por tan farragoso cometido, sería Jacques Gagnier, el miembro más joven del mismo, quien decidiría elegir por su cuenta y riesgo a un tal Ives Cousineau, un estrafalario escultor que trabajaba con todo tipo de cachivaches y al que había encontrado por casualidad a su paso por una pequeña localidad de la Charente–Maritime. Era una operación arriesgada pero un poco de creatividad, pensaba, no le vendría mal a la compañía, y de paso, resolvía el dichoso encargo de una vez por todas llevándose con ello su correspondiente comisión. Sin ser consciente de ello, Gagnier había establecido las primeras bases de la nueva filosofía empresarial que muy pronto se extendería a las esferas políticas. Porque Cousineau ideó lo primero que se le ocurrió, pero preocupándose más por la estética que por la funcionalidad, y Lafitte pareció estar muy satisfecho ya que todos los días patinaba con su sempiterno puro por las galerías de la factoría con la seguridad de tener todo bajo control y sin temor a hacerse rasguño alguno. Aunque para sus operarios supuso una nueva dificultad, ya que se hallaban en el delicado equilibrio entre mantener la concentración en su trabajo y el esfuerzo para no perder la seriedad cada vez que el patrón se deslizaba ante ellos. Dicen que su silueta se hizo después muy popular cuando Lafitte comenzó a usar gafas por cosas de la edad.

(foto: cortesía de Alfred Dopar) 

· Fondo musical para acompañar la lectura: Jazz Fred Mele - Si l`on voyaitce qu`ily a derriere (http://www.youtube.com/watch?v=7xmusbuhwnE&feature=player_embedded)

8 de marzo de 2013



Según algunos de los principales especialistas en la materia, Anne y Achille Deveraux fueron los primeros "performers" de la historia del arte. Un calificativo con el que el matrimonio siempre estuvo en desacuerdo porque ellos tan sólo buscaban la representación del límite, lo que les había llevado a realizar intervenciones arriesgadas aunque, según algunos, de una gran belleza plástica. Si bien, todo aquello les permitió el privilegio de disfrutar de una plena libertad creativa, por contra les acarreó, no él rechazo, porque no fueron demasiado célebres, sino el desconocimiento de su obra por una gran parte de la crítica especializada, lo que en términos prácticos se traducía como escasez de ingresos. Era algo lógico, porque la gente, cuando camina por la calle, suele mirar al frente, todo lo más hacia los lados por la cosa de los escaparates, pero pocas veces alguien alza la vista mientras pasea por una ciudad, sobre todo si ésta está plagada de rascacielos, como Nueva York. Pero para el matrimonio Deveraux, que jamás tuvo percance alguno como seguramente alguno ha podido pensar, las azoteas fueron el espacio idóneo para sus creaciones, aunque sufriesen los inconvenientes de las corrientes de aire. Al fin y al cabo, era su modo de expresarse.

· Fondo musical para acompañar la lectura: Erik Satie - Gnossienne nº1 (Reinbert De Leeuw-Piano) (https://www.youtube.com/watch?v=USP3QpqIE8Y)

7 de marzo de 2013



Dicen que la lectura de los comics de la Marvel fue el origen de la vocación por la ciencia que Bob Parker empezó a sentir en su adolescencia, pero también la causa de que, años más tarde, su carrera cayese en desgracia justo cuando se hallaba en su plenitud como investigador espacial. Una tragedia para sus padres, quienes no se explicaban cómo podía ser que su hijo, que obtuvo uno de los expedientes más brillantes de su promoción, que había logrado el doctorado en Físicas con la máxima nota y que era director de uno de los laboratorios de la NASA, había podido sufrir tan injusto escarnio. Pero Bob, que era un hombre orgulloso, trató de aceptar su delicada situación como mejor pudo. Al fin y al cabo no era el primer científico incomprendido en un mundo tan complejo como el de la ciencia, y pensaba en Galileo o en Nicolas Tesla. Sabía que su idea era muy revolucionaria y que había muchas envidias hacia él, aunque también era consciente de que aún faltaban algunos ajustes para convertir en realidad su ansiado sueño de desafíar a la gravedad, como hacía su admirado Spiderman en la ficción.

· Fondo musical para acompañar la lectura: The Ramones - Spiderman (http://www.youtube.com/watch?v=i3F2y2hRP4o)

6 de marzo de 2013



Malcolm Richards era un personaje singular, o al menos eso era lo que pensaba por las historias que contaba. Yo sabía que era un hombre muy imaginativo, pero lo cierto es que poseía un don especial para la narración, además de las andanzas que relataba y que daban para escribir varios libros. Malcolm era nuestro viejo vecino que vivía en la casa de al lado y que había sido, según él, piloto de guerra en el frente del Pacífico. Y aunque me fascinaban sus hazañas, mi intuición me decía desde hacía tiempo que en realidad era una especie de inventor de recuerdos. Aún así, y a pesar de mis sospechas, me dejaba embaucar por sus palabras. Tampoco había maldad alguna en él, simplemente era un cuentista, en el buen sentido de la palabra, al que le gustaba crear ilusión, aunque su reducido auditorio fuésemos algunos de los chicos de aquel anodino barrio residencial donde vivía. Entre su infinidad de anécdotas, recuerdo una que me conmovió, no por los hechos en sí, que tampoco me parecieron algo fuera de lo común, sino por la manera en que me la relató. Quizá porque probablemente era la única cierta, y porque fue la última que compartió conmigo antes de morir. Ese día me confesó que nunca aprendió volar a causa del vértigo que padecía, como tampoco había estado en el frente, ya que fue destinado a una unidad de mantenimiento en una base aérea, en retaguardia. Y que la única aventura excitante que vivió fue el hecho de dedicarse a contemplar, a cierta distancia, a las intocables hijas del capitán Robbins. Aventura que llegó a su culmen, casi un año después, el día que se licenció. Cuando al arrancar el autobús que les llevaba de vuelta a casa, en un arrebato de valor, Malcolm alzó su mano para despedirse de ellas. Pero el azar quiso que no le viesen.

· Fondo musical para acompañar la lectura: Nina Simone - Since I fell for you (http://www.youtube.com/watch?v=YGVoK1kTU0M)

4 de marzo de 2013



Mi sorpresa fue mayúscula cuando, después de más de treinta años sin saber nada de él, me encontré, por cosas del azar, con mi amigo Louis Bardsley, quien, con la gomina había logrado domar ese flequillo rebelde que ondulaba sobre su frente cuando era niño. Enseguida me vinieron a la mente un sinfín de vivencias sobre mi infancia ya que estuvo muy ligada a él, a quien llamábamos “zapatones”, porque llevaba unas sempiternas botas con plantillas para corregir sus pies planos. Un arma poderosa que le ayudó a hacerse respetar por los demás ya que, bajo esa inocente apariencia, tenía un carácter difícil y la patada fácil, lo que le llevó a ser uno de los chicos más conflictivos del colegio. Y yo, como era su mejor amigo y me fascinaban sus ocurrencias, que rompían un poco la monótona vida escolar, acabé siendo partícipe de ellas. Lo que me ocasionó numerosos castigos en el colegio con las consiguientes reprimendas de mis padres, quienes, en un momento dado y por temor a que me descarriase con tales compañías, decidieron cambiarme de escuela. Tendría diez años, y desde aquel momento no volví a ver a Louis. Hasta ese día, en que apareció en mi lugar de trabajo. Nos reconocimos al instante y la alegría fue recíproca. Había engordado. Pero poco pudimos hablar. Cosas del protocolo. Él vació sus bolsillos, depositó sus objetos sobre el mostrador y se quitó la ropa. Y yo hice el recuento, lo introduje todo en una caja con su nombre, doblé con cuidado su traje, después su abrigo Chesterfield y le entregué el uniforme del centro, pero con la duda de si le volvería a ver, porque mi puesto me restringe a la recepción.

(foto: Vivian Maier)

· Fondo musical para acompañar la lectura: Rahsaan Roland Kirk - Domino (https://www.youtube.com/watch?v=NH7h28RmOqI)

1 de marzo de 2013



Aunque a algunos les pueda parecer una osadía lo cierto es que mi hermano Alexander fue un visionario. No lo digo por la cosa del orgullo, que de ello algo hay, sino porque en la familia nadie había hecho nada fuera de lo normal ya que, desde hacía generaciones todos nos dedicábamos al mundo de la chatarra. Era como si lo llevásemos en los genes. Pero Alexander era diferente. Era más listo y por ello tuvo eso que algunos llaman visión de futuro, lo que le llevó a saber aprovechar mejor las posibilidades que le ofrecía nuestra actividad. Recuerdo que cuando papá y mamá se enteraron de sus ideas le tacharon de lunático, aunque siempre con gran respeto, porque fue el único miembro de la estirpe que logró acabar los estudios de primaria. Y aún así, hicieron lo imposible para reconducirle por el buen camino. Hasta se deshicieron de la televisión ya que, pensaban, era el origen de todos los males de Alexander. Sin embargo, mi hermano, que era muy testarudo, tenía las cosas muy claras. Yo, a pesar de mi incredulidad, le ayudé en todo lo que pude, incluso en la fabricación de una enorme antena que, según Alexander, sería el elemento clave para lograr el contacto. Pero la verdad era que pasaban los meses y allí nunca pasaba nada. Y eso que consiguió el mejor atuendo de alienígena. O al menos eso siempre me pareció a mí.

· Fondo musical para acompañar la lectura: Clint Mansell - "The nursery", del film Moon (Duncan Jones, 2009) (https://www.youtube.com/watch?v=GWOjkEmFtyI)