13 de noviembre de 2015




Sin apenas intuirlo, incluso cuando la monotonía era el término que mejor definía nuestra rutina diaria, después de que llevase algo más de una década prestando mis servicios en el cuerpo, las cosas cambiaron aquella tarde, creo que de noviembre, no estoy seguro, pero que sí recuerdo muy nublada. Yo, como de costumbre, me hallaba en mi misión de preservar la seguridad en la pequeña villa, cerca de Dover, a la que me habían destinado que, si bien nunca me ofreció grandes emociones, al menos me proporcionaba la suficiente tranquilidad para desempeñar, sin sobresaltos, mi vocación. Hasta que aquel día tuve que tomar una decisión, a pesar de que tampoco tenía las suficientes pistas. Simplemente, me tocó, y yo, a pesar de la gran responsabilidad que me suponía acepté, aunque era consciente de que me ganaría muchas enemistades y en un lugar, además, donde nos conocíamos todos. Y elegí, a ciegas, a la reina de las fiestas, a Jenny, la chica de la que estaba enamorado y quien, pocos meses después, se comprometería con el hijo del viticultor. Y las demás, simplemente, desde ese día, me retiraron la palabra.

· Fondo musical para acompañar la lectura: Alfred Schnittke - Piano Quintet, II. In tempo de valse.

30 de octubre de 2015




Me lo dijo mi abuelo cuando aún apenas había cumplido doce años de edad, que la vida, a veces, era cuestión de saber encajar los golpes y que, por ello, no debía amedrentarme tan fácilmente, ya que ese era el verdadero secreto para salir airoso, incluso en los momentos más complicados. Yo, que todavía era muy ingenuo, me lo tomé al pie de la letra, aunque hubiese cosas en su discurso que no estuviesen al alcance de mi entendimiento. Al fin y al cabo era un crío y poco más sabía de las cosas de la existencia, salvo el placer que me producía obtener el cromo de este o de aquel jugador. Así éramos los niños. El abuelo no fue a la universidad. Mi padre tampoco. Y yo, para no ser menos, seguí la tradición. Y a pesar de mis intentos, de mis esfuerzos, con los que nada o, al menos, poco logré, ya que tampoco tuve el don especial que hay que tener, procuré siempre estar a la altura de las circunstancias, a pesar de que mi torpeza, que me provocaba continuos moratones en los ojos, hizo que me ganase, quizá merecidamente, el apodo de "el hombre enmascarado".

· Fondo musical para acompañar la lectura: Kid Ory's Creole Jazz Band - Shake that thing.

16 de octubre de 2015




Viajar. Abandonar los orígenes. Romper con las raíces. Tanto en lo físico como en lo psíquico. Convertirnos en vagabundos, en seres errantes, con el único objetivo de experimentar nuevas sensaciones. Entregarnos a la errancia dejándonos llevar por los azares del destino. Daba igual. Lo importante era tener nuevas vivencias, conocer nuevas latitudes. Aunque en realidad no éramos conscientes de todo eso. Era algo que nos atraía, porque mi amigo Bob lo había leído en un libro de un tal Goethe sobre un joven llamado Wilhelm Meister. Yo no sabía quienes eran, pero me gustaba la idea. Mucho. Salvo que nuestra gran aventura tan solo duró una mañana y sin movernos del punto de partida. Luego supimos que pecamos de impaciencia. No sólo no hicimos equipaje alguno, sino que nuestra táctica fracasó, porque no caímos en la cuenta de que los conductores en aquella época eran, en su mayoría, masculinos.

· Fondo musical para acompañar la lectura: Woody Guthrie - Riding in my car (Car song).

9 de octubre de 2015




Es mi desdoblamiento. En silencio. Porque siempre he sido muy discreto. Y ahora me he multiplicado en cinco. Algo extraño. Pues hasta hace no mucho tiempo mi vida ha sido más bien sosa, lineal, sin sobresaltos, sin un pequeño hecho que se saliese de lo normal. Porque yo soy un tipo corriente, con gustos corrientes, con un trabajo corriente. Aunque confieso que hay momentos en que me vienen a la mente pensamientos perversos. Quizá la causa de mi duplicidad. Porque mientras uno va al trabajo, otro cumple las normas del ciudadano íntegro, el de más allá desempeña su papel social, aunque no sea alguien muy hablador, y el de más acá vive con su madre, viuda, haciendo las veces de hijo ejemplar, el restante, mi otro yo, el verdadero yo, o al menos eso creo, da rienda suelta precisamente a esos pensamientos perversos para que esos otros y los demás no se enteren. No se cuanto me durará el efecto. Si acabaré diluyéndome en el tiempo o simplemente desintegrándome en el olvido. Pero de momento procuro aprovecharlo a fondo.

· Fondo musical para acompañar la lectura: Tape - Parade.

2 de octubre de 2015




Allí nació todo. Porque lo que contó mucho después la versión oficial fue falso. Tan falso como una moneda de madera. Los intereses creados en aquella época no permitieron que nos expresáramos como queríamos, ya que éramos jóvenes y apuntábamos maneras. Y decidieron encarrilarnos a través de los cantos de sirena del béisbol, porque era preferible que desahogásemos nuestra rabia con un bate en un recinto cerrado a que pudiésemos contagiar a otros jóvenes. Lo peor de aquella manipulación fue que consiguieron que nuestro grito de rebeldía quedase ahogado cuando nos convirtieron en una especie de monos de feria resultando, cuanto menos, divertidos para un público ávido de novedades. Pero la verdad es que fuimos los primeros hippies de la historia, aunque décadas más tarde fuesen otros los que se llevasen los laureles.

· Fondo musical para acompañar la lectura: South Sea Islanders - Malihini Mele.

1 de octubre de 2015




Nunca destaqué en nada. Nunca. En el colegio más bien pasé por ser de esos que adquieren la propiedad de la invisibilidad. Vamos, poca cosa. Pero reconozco que no hago demasiados esfuerzos por cambiar la situación. Me da igual. Soy así, y lo acepto. Sé que los hay que piensan que soy un tipo raro. Pero yo sé que en el fondo es envidia. Pura envidia. Porque soy consciente de que a más de uno le gustaría vivir en un vecindario tan agradecido como el mío. Pero no, no piensen que les voy a revelar mi dirección.

 · Fondo musical para acompañar la lectura: Sidney Bechet - All of me.

30 de septiembre de 2015




Ludovico Gagliardi se había convertido en el icono de Calascibetta, la pequeña localidad siciliana donde nací. Recuerdo que cada vez que regresaba al pueblo por vacaciones, niños y mayores íbamos a la plaza mayor, a esperar la llegada del autobús junto con el alcalde, que se hacía acompañar por la banda municipal para recibirlo con todos los honores. Admirábamos a Ludovico, que se había marchado a París, donde, según nos contaba, pasaban muchas cosas importantes. Tantas, que sobre sus hombros, decía, recaía una parte del peso de la historia. Muchos años después supe que lo que Ludovico cargó sobre sus hombros fueron los equipajes de las más distinguidas figuras de la política, porque era botones en el Hotel Ritz de París. Pero fue algo que nunca conté en Calascibetta.

 · Fondo musical para acompañar la lectura: Trio LEscano & Maria Jottini - Maramao perchè sei morto.

29 de septiembre de 2015




Fue aquel 2 de junio de 1989, cuando un tal Georges Marchand presentó una tesis doctoral en la Universidad de la Sorbona sobre la batalla del Somme en la que desmontaba la versión oficial vigente desde 1916. El prestigio que gozaba nuestro apellido se desplomó del día a la noche como un castillo de naipes, generando un escándalo de tal magnitud que hasta el senado de la nación se pronunció calificándolo de infamia. El bisabuelo, el hombre que se convirtió en héroe nacional por su arrojo y valentía en aquel combate, de repente, dejó de serlo, porque falseó los hechos con total impunidad. El engaño puso en cuestión los méritos, los títulos y los honores que la familia había ido acumulando durante generaciones. Mi abuelo, quien fuera un influyente diplomático en su época, sufrió un ataque al corazón y la prometedora carrera política de mi padre se truncó, teniendo que renunciar a su candidatura a las elecciones presidenciales. La prueba gráfica que Marchand presentó demostraba que el bisabuelo no había estado en el Somme, porque en aquella batalla no intervino ningún regimiento de caballería.

· Fondo musical para acompañar la lectura: Marcelly - La madelon.

23 de septiembre de 2015




En su intención de velar por la estabilidad de su matrimonio, la tía Hildegard acabó siendo sin pretenderlo una mujer avanzada en su época. Y es que su miedo fue en aumento a medida que el tío Boniface pasaba cada vez más horas en las carreras automovilísticas. Y aunque no era un hombre demasiado atractivo, sino más bien bajito y algo esmirriado, tampoco era de piedra, pensaba la tía, porque en los circuitos había mucha jovencita atrevida y no eran pocos los que acababan sucumbiendo a sus encantos. Por ello decidió hacer de tripas corazón y tener un poco más de complicidad con su marido, implicarse más en su afición. Pero lo que no pudo imaginar la tía es que se involucró tanto en aquel mundo, que acabó siendo la primera mujer que ganó las veinticuatro horas de Le Mans, porque el tío Boniface, que era mecánico, no sabía conducir.

· Fondo musical para acompañar la lectura: Sam Lanin and his Orchestra - We careful with those eyes.

21 de septiembre de 2015




Mi abuelo Wolfgang murió en la indiferencia, menospreciado por sus antiguos compañeros de trabajo que vieron en él antes a un iluminado de extravagantes ideas que al ingeniero que contribuyó al desarrollo de la automoción. Porque él, según contaban en casa, desde que abrazó el marxismo en su juventud había canalizado su fuerte compromiso social a través de sus diseños, lo que le había ocasionado no pocos enfrentamientos con los dirigentes de la empresa. Hasta que aquel 28 de mayo de 1932, tras presentar su nuevo prototipo de transporte colectivo, fue despedido de manera fulminante sin que nadie pudiera imaginar que el abuelo había sentado las bases de lo que después sería el autobús.

· Fondo musical para acompañar la lectura: Marek Weber und sein Orchester - Crepuscule (tango).

16 de septiembre de 2015




Esta vez tuvimos que partir de madrugada, con papá musitando improperios para no enfadar a mama, que en esos momentos estaba a punto de tener un ataque de nervios porque la abuela había vuelto a hacer otra de las suyas. Por enésima vez se había vuelto a escapar de casa, lo que se convirtió en algo habitual desde que vino a vivir con nosotros. Hasta entonces nunca se había ido demasiado lejos, a pesar de que ya nos habíamos llevado unos cuantos sobresaltos. Pero ahora el susto fue monumental cuando nos comunicaron que estaba en una pequeña localidad de Montana donde la encontraron haciendo nuevas amistades. Y lo peor no fue eso, sino la inquietud que se generó en sus habitantes, porque hasta allí había ido el ejército. Inquietud que se transformó en terror cuando aterrizamos en nuestro platillo para recogerla.

· Fondo musical para acompañar la lectura: Ella Fitzgerald - Two little man in a flying saucer.

15 de septiembre de 2015




Mi acto fue consecuencia del hartazgo. Una forma de protesta, de rebeldía. Quizá poco meditada y demasiado inocente. Pero no podía aguantarlo más. Aún no comprendía muchas cosas de los adultos, pero aquello había llegado a tales extremos que sentí la necesidad de salvaguardar mi integridad física ante los míos. Tenía que demostrar que tenía sentimientos y sobre todo voz propia. Pero mi acción reivindicativa duró poco, justo hasta el momento en que a la abuela le dio un amago de infarto cuando al llegar a casa me vio de tal guisa sentado en el porche. Pero nadie entendió nada, y menos aún el abuelo quien, enfadado por lo que creía que había sido una broma de mal gusto, me dio un par de cachetes en la cabeza. Él, precisamente él, el antiguo estibador incapaz de controlar su fuerza, el origen de mis males, el motivo de mi insurrección, la causa de mi sufrimiento por su dichosa manera de saludarme, agarrándome el moflete y zarandeando mi cabeza unas cuantas veces.

· Fondo musical para acompañar la lectura: Cannon's Jug Stompers - Heart-breakin' blues.

11 de septiembre de 2015




Habíamos llegado aquella mañana del 14 de julio de 1935 a Washington siguiendo la pista de Ernst Steiner. Pero lo que no pude imaginar es que mi ayudante acabaría truncando la operación por culpa de sus extravagantes gustos gastronómicos. Una operación que había comenzado un año antes, ante la sospecha de que Steiner era un agente de contraespionaje, llevándonos a seguir su rastro por varias ciudades de Europa. Hasta que en Lisboa cogió un vuelo a Washington. Al llegar allí se confirmaron nuestras suposiciones, con el agravante de que descubrimos que tenía contactos con las altas esferas diplomáticas. Entonces la misión adquirió un nuevo caríz al vernos obligados a medir con exactitud cada uno de nuestros pasos. Es por eso que, cuando supimos que era uno de los invitados a la comida que la embajada Francesa había organizado con motivo de la celebración de su fiesta nacional, tuvimos que actuar con la máxima discreción, porque estábamos sentados en la misma mesa que él. Pero a mi ayudante no se le ocurrió mejor idea que poner ketchup en las ostras, malogrando definitivamente la operación.

· Fondo musical para acompañar la lectura: Weintraub Syncopators - Nostalgico slow.

10 de septiembre de 2015



“Modeste Deveraux o el nacimiento de retrato panorámico”

I. La causa…

Modeste Deveraux no pudo imaginar aquel día de primavera, cuando adquirió ese novedoso aparato que vio en el escaparate de la tienda de Émile Giroux, que iba a cambiar el concepto del retrato fotográfico. Ni tan siquiera fue consciente de ello, porque Modeste, movido por su orgullo de padre, quería tener un recuerdo de sus seis hijas, ya que estas crecían con demasiada rapidez. Y en las siguientes semanas, durante los ratos libres que le dejaba su pequeño negocio de calzado, se entregó al estudio del funcionamiento de su nueva cámara. Hasta que llegó el día en que decidió inmortalizar a sus hijas. Tras probar diferentes poses, sacó la que fue su primera fotografía. Y a pesar de la limitación de medios, porque solo tenía dos placas, su afán investigador le llevó a realizar una más, cambiando con ella la forma de entender el retrato...

· Fondo musical para acompañar la lectura: Sister Rosetta Tharpe - Stranger things happening everyday.

9 de septiembre de 2015




“Modeste Deveraux o el nacimiento del retrato panorámico”

II. … y el efecto

Al revelar la primera placa hubo algo en aquella imagen que no convenció del todo a Modeste Deveraux. Pero aún le quedaba una placa, pensó. Así que comenzó con sus seis hijas experimentar nuevas poses, moviéndolas de un lado a otro. Y estas, fascinadas por la idea de que esa caja de madera provista de una pequeña lente preservaba a las personas para la posteridad, se entregaron a las indicaciones paternas como si de un juego se tratase. Que si ahora se colocaban en círculo, que si después formando un hexágono, que si con los brazos levantados, que si con las manos detrás. Pero Modeste no lograba encontrar la composición deseada. Hasta que en un momento de desesperación, tropezó con el trípode haciendo girar la cámara noventa grados. Y tuvo una idea. Dispuso a sus hijas formando una torre para que entrasen en el encuadre. Modest quedó tan satisfecho que nunca volvió a utilizar la cámara. Pero su fotografía vertical, por cosas del azar, fue el origen de una moda que acabaría causando furor en Europa.

Fondo musical para acompañar la lectura: Hubert Simplisse et son Ensemble - Simplicites.

8 de septiembre de 2015



La amaba. Así de simple. Una tarde se subió al automóvil esbozando una pícara sonrisa y cogí la cámara. Le hice la única fotografía que conservo de ella, la que después miraría ensimismado durante horas y horas esperando el siguiente encuentro. Recuerdo la preocupación que generé en mis padres, que me veían abstraído pululando por casa como un alma en pena. Y yo les dije, para salir del paso, lo primero que se me ocurrió, que tenía el síndrome de Stendhal. No preví las consecuencias, porque se asustaron tanto con el nombre que pensaron que aquello era algo grave, lo que me llevó a conocer a los mejores psicólogos de Filadelfia. Pero esa es otra historia. Ahora, que han pasado algo más de cuarenta años de aquello, aún conservo ese vestigio arrugado con un agujero en forma de corazón. Sin embargo, por mucho que lo intento, soy incapaz de recordar su rostro, como tampoco logro acordarme donde iría a parar el trozo faltante.

· Fondo musical para acompañar la lectura: Boswell Sisters - Everybody loves my baby.

4 de septiembre de 2015




Hasta que aquel aciago 6 de abril de 1929 una pequeña diferencia quebró el sueño que levantamos de la nada, habíamos estado muy unidos desde que nos conocimos en la escuela elemental. Y juntos fuimos a la universidad, y juntos estudiamos la misma carrera, pedagogía. Luego vino el amor. Y el matrimonio. Nos casamos las tres parejas el mismo día. Y después vino la idea de Rémy que aquella noche a nosotras nos pareció peregrina, ya que estaba algo perjudicado por el alcohol. Una idea que Gaston y Alphonse apoyaron, aunque también influidos por la bebida. No sé muy bien como nos convencieron, pero empezamos en un pequeño local. En pocos años nuestros triciclos obtuvieron un enorme éxito de ventas. Hasta que ese funesto 6 de abril, tras reunirnos el consejo de la empresa, un pequeño detalle fue el detonante del conflicto. Alphonse y Odette se habían separado, porque cada uno tenía su triciclo.

· Fondo musical para acompañar la lectura: Rutt Etting - Button up your overcoat

3 de septiembre de 2015




Las vacaciones habían terminado. Aquella tarde hice mi equipaje con cierto nerviosismo. Iba a iniciar mi tercer año en la universidad. Y a pesar de que en el campus tenía fama de rarito, me hacía ilusión comenzar el nuevo curso. Pero antes tenía que soportar lo que mis padres habían convertido en una nueva costumbre desde que me marché a estudiar al extranjero,la escenita de lloros y reproches que montaban antes de mi partida, con el semblante serio de mi padre mostrando su desaprobación y los sollozos de mi madre preocupada por los riesgos de un viaje tan largo y a un sitio demasiado lejano. Y yo, antes de introducirme en la cápsula, siempre les decía que el teletransportador del Dr. Emory Erickson era un medio rápido y seguro. Y que además, en el planeta Tierra me sentía muy a gusto.

· Fondo musical para acompañar la lectura: Les Paul & Mary Ford - World is waiting for the sunrise